El frío no es el mejor amigo de un corazón dañado, si no que se lo digan a Edward Cullen. La calidez de una suave caricia, el susurro de una voz apasionada; de ella, eran lo más parecido a vivir en una primavera eterna. Él habría preferido sentir mil veces más como una daga le desgarraba la piel hasta hundísele en el corazón, antes que tener que soportar un latido más amargo y sin sentido de aquel corazón vacío.
Sin embargo, la vida nos sigue poniendo a prueba a pesar de los golpes que recibimos, y la más difícil es cumplir su último sueño compartiendo el mismo pueblecito con la que alguna vez consideró que era digna del amor más profundo que había sentido alguna vez.