domingo, 23 de octubre de 2011

Sarah-Crish Cullen

-Un cuento de hadas moderno

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Bella recibe una beca para estudiar su carrera universitaria en Londres; allí conocerá a un chico de ensueño...¿los príncipes azules existen?, puede que sí.

-Cowboy de mi corazón


La vida en el rancho Killarney se ve alterada por la llegada de un nuevo miembro. ¿Podrá una joven y tímida chica romper la coraza de un hombre solitario y frío, enseñándole que el amor no es malo?

-Curando un corazón


Bella es una joven doctora, con una dolorosa infancia; Edward es un eminente cirujano que perdió lo que más quería en un accidente. ¿Qué ocurrirá cuándo se conozcan?

-Dulce y amarga espera

Enamorada de él desde que era una adolescente... ¿puede el amor superar los prejuicios de las personas?, ¿vale la pena arriesgar el cariño de tu familia por un amor?... OS

-Dueño de mi destino


HCL2. Se aman desde niños... pero los acontecimientos políticos y sociales de la época los obligan a separarse. ¿Pueden unas ideologías y principios ordenar al corazón a quién debe amar...?

Saraes



Si al mirar atrás, te das cuenta de que el camino que anduviste fue trazado por decisiones que otros tomaron en su momento..y que a su vez, ese camino doloroso y triste te llevó a los brazos del hombre de tu vida ¿desearías no haberlo vivido?..BXE.TH.

-Solo sígueme. OS

Bella, una joven artista, se ve comprometida a hospedar en su casa, al ser que más odia en este mundo, que precisamente, es el mejor amigo de su hermano.¿Podrá una herida abierta descubrir una verdad escondida?.. BXE. LEMON

-Doble seducción. OS 



Bella está enamorada de su jefe y cansada de serle indiferente, decide seducirlo alquilando el apartamento que da justo frente al de él. ¿Que pasará cuando Edward descubra que su caliente "vecinita" resulta ser su secretaria? EXB.Os.TH.Lemmon

-¡Secuestradas! OS



Desde la niñez, las Swan y los Cullen no se soportan. ¿Qué sucederá cuando los Cullen decidan secuestrarlas y mantenerlas en Isla Esme durante una semana? TH. ExB,JxA,ExR. LEMMONS


 -¡Embarazadas!



Mini-fic de 8 capítulos. Secuela de "Secuestradas". "- ¡Dios!, daos por muerto, Charlie os va a matar… sus princesitas, ¡Embarazadas!..." EXB JXA EXR LEMMONS

-Un perfecto día de San Valentín. OS



Bella es de esas chicas que piensan que celebrar el día de San Valentín es simplemente patético, hasta que alguien que no esperaba, le hace cambiar de opinión… M. E&B TH. Lemmon.

-Firework. OS



Concurso Teenage Dream Contes. Bella, una joven psicoanalista,dedica su vida a ayudar a sus pacientes a superar sus inseguridades, pero...¿será capaz de seguir sus propios consejos y luchar por el amor del joven psiquiatra Edward Culle? OS.TH.BxE.Lemmon

-Secreto de una traición



HLC2 Sólo unas semanas les bastó para saber que estaban enamorados, pero el destino los separa impidiendo que él cumpla su promesa de volver. Seis años después él vuelve para descubrir una dolorosa traición. Pasión, odio, celos, y un inmenso dolor pondrán al descubierto secretos del pasado...


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Descubriendo el paraíso One Shot

Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer


Descubriendo el paraíso




Escuché el estruendo que se formó en clase antes de que el profesor se despidiese, a causa del sonido del timbre anunciando la finalización de la jornada, recogí mis cosas del pupitre un poco nerviosa, hoy era el día. Me colgué mi mochila en la espalda y escuché a Alice llamarme.

-¿Dónde vas tan rápido?

-Edward me está esperando. - Alice solo asintió, con un poco de picardía.

A mis 17 años, y sabiendo todo lo que sabía de la prima de Edward, no me había pasado desapercibida esa mirada… Alice era muy espabilada, llevaba saliendo con Jasper desde los 14 años, y cuando me contó que al día siguiente de estar saliendo con él había perdido su virginidad estuve riñéndola por un buen tiempo.

¿Cómo era posible? Aunque bueno, después de todo no le había salido mal. Jasper no se había burlado de ella y llevaban saliendo felizmente 3 años.

Puse los ojos en blanco antes de girarme y salir en busca de mi novio. Edward y yo hacía 6 meses que habíamos comenzado a salir, todo había sido demasiado inocente entre los dos. Conocía a Edward desde los 12 años y desde entonces quedé prendada por su infinita belleza, su educación, su cultura, la forma que tenía de mirarme, por la manera en la que despeinaba su cabello broncíneo cada vez que estaba nervioso… eran muchas cosas.

No me enteré que él sentía lo mismo que yo hasta bien pasados mis 14, pero como siempre, nada es perfecto y los dos éramos bastante tímidos, por lo que nos costó mucho declarar lo que sentíamos y expresarlo, igualmente sabía que Charlie nunca hubiese aceptado que le hubiese llevado novio a los 16, mucho menos a los 14, pero el miedo de que él pudiese enamorarse de otra chica a causa de que yo no era lo suficientemente valiente como para confesarle lo que sentía muchas veces me mataba.

Me mordí el labio cuando vi como me esperaba recargado en la puerta de su Volvo. Como siempre resplandecía junto a su coche. Me acerqué a paso normal, pero parecía que nunca iba a llegar a él. El tiempo había mejorado con diferencia su rostro, algo difícil, pero ahora sus facciones estaban más marcadas, hacía bastante que su barba ya había comenzado a salirle y me encantaba rozar mi mejilla sintiéndola.

-Hola.- Saludó recibiéndome entre sus brazos.

-Hola.- Me alcé de puntillas para besarle.

Un beso inocente, que como en muchas otras ocasiones, se fue tornando cada vez más insistente sin dejar la dulzura de lado, hasta el punto en el que pensé que había perdido completamente el sentido, si no fuera porque él mismo se separó, sujetándome con fuerza. Me sonrojé al ser consciente de mi estado una vez más.

-Bella. - Murmuró sonriéndome tiernamente.

-Lo… siento.- Dije mirándole con cara de disculpa. Él rió musicalmente.

-No pasa nada. - Susurró apoyando su frente en la mía. - ¿Cómo ha ido tu clase?

-Bien, un poco aburrida, ya sabes. ¿Hace mucho tiempo que has salido?

-No, prácticamente acabo de llegar, iba a esperarte por los pasillos, pero… - Me alcé de puntillas para besarle en los labios, si quería conseguir lo que tanto deseaba tenía que cambiar mi comportamiento, además deseaba besarlo, ¿Por qué no iba a hacerlo?

Intenté recordar respirar, coger el aire y luego soltarlo, pero las sensaciones que Edward me causaba muchas veces eran tan indescriptibles e inexplicables que parecía olvidar que me encontraba en frente del instituto con un montón de adolescentes saliendo de clase. Edward se separó de mi con una risita.

-Veo que Bella no pierde el tiempo. - Emmet, el hermano mayor de Edward, pasó a nuestro lado dándole un manotazo juguetón al mismo en el hombro, quien le fulminó con la mirada.

-¿Podrías callarte? - Preguntó Edward molesto.

-Solo bromeaba con mi cuñadita. - Elevé las cejas. - ¿Cómo estás, Bella?

-Muy bien, a ti también te veo muy bien. - Emmett soltó una carcajada.

-Eso es porque Rose ha aceptado por fin viajar conmigo cuando nos graduemos.

Típico en Emmett. El hermano de Edward arrancó su Jeep y salió del parking del instituto dejándonos a Edward y a mi, la gente se había dispersado bastante y ya quedaba bastante poca.

-Bueno…. Creo que nos espera un trabajo de biología. - Y una pequeña sorpresa, pensé en mi fuero interno.

El viaje en el Volvo de Edward a mi casa se me hizo bastante corto. Era una de esas chicas que prácticamente se volvía un flan cuando se proponía enfrentarse a algo que jamás había hecho, y es que me encontraba tan nerviosa… Sabía que Edward me quería, pero también era consciente de que no era la chica más atractiva y mucho menos guapa del instituto, por lo que esas razones siempre provocaban que me sintiera algo insegura conmigo misma y eso, por consiguiente, a veces repercutía en mi relación con Edward.

-¿Y Charlie? - Preguntó Edward sorprendido cuando pasó al interior de mi casa y vio todas las luces y el televisor apagado.

-Emm… está trabajando.

Edward asintió y me siguió en silencio hasta mi dormitorio, en cuanto llegué encendí el ordenador, mi intención no era lanzarme a él como una desesperada, tampoco era lo que buscaba, no quería un calentón, por suerte teníamos toda la tarde y parte de la nocheSabía con certeza que Charlie no vendría hasta media noche porque me lo había avisado, estaba investigando la muerte sospechosa de un guarda jurado, por lo que sabía perfectamente que llegaría tarde.

-Pareces algo nerviosa. - Murmuró poniéndose las gafas que utilizaba para estudiar, me mordí el labio.

-No, para nada, simplemente quiero acabar ya con este estúpido trabajo.

-Pensaba que te gustaba biología. - Dijo sonriendo, mientras tecleaba alguna palabra para buscar en Google que no alcancé a mirar porque solo podía observar su perfecto perfil. Reí nerviosamente.

-Ya sabes por qué me gusta biología. - Contesté notando como mis mejillas se encendían y mirando la pantalla, la cual trataba de buscar resultados para la búsqueda "Glúcidos". Noté su mirada sobre mi rostro.

-Me gusta que me lo recuerdes. - Me odié por ser capaz de sonrojarme más. - ¿Me lo dices? - Preguntó mimoso.

-Es la única clase que compartimos, por esa única razón me encanta. - Dije en un suspiro, seleccionando uno de los resultados de la búsqueda, me besó en la mejilla.

El trabajo nos llevó más tiempo del que me había imaginado, pero igualmente terminamos con bastante tiempo de sobra para pasar a mi plan, o al menos intentarlo. Edward suspiró, desperezándose y separándose, con la silla en la que se sentaba, del escritorio.

-Por fin. - Reí ante su gesto.

-¿Estás contento porque ya no habrá excusas para que tengas que venir a casa? - Sonrió observándome y llegando, sentado en su silla, a mi lado.

-No, por eso no, pero no puedo negar que deseaba acabar este trabajo. - Aseguró entrelazando nuestras manos y acercando su rostro más al mío. - Míralo por el lado positivo. - Susurró. - Al menos queda tiempo para nosotros.

Y me besó, un beso tierno y dulce, como a los que me tenía acostumbrada. Hundí mis dedos en su cabello sintiendo una vez más la textura que desprendían, tan suaves y sedosos, tan desordenados. Rocé con las mismas sus pequeñas orejas y acabé con cada una de mis manos en un hombro.

Solo me separé por un segundo, nerviosa, aun no había hecho nada, ni siquiera me había atrevido, pero quería hacerlo, había estado soñando con algo así desde hacía mucho tiempo.

Edward me sonreía como siempre aun con las gafas puestas, con aquella devoción e infinito amor que me profesaba. Sonreí yo también y volví a juntar nuestros labios, aquellas sensaciones podían algún día hacerme perder el entendimiento. Intenté buscar en mi mente un hueco de razón para medir mis movimientos, no quería asustarlo y tampoco quería provocar una falsa idea de lo que pretendía.

Deslicé con mucha suavidad a la vez que nuestras lenguas se encontraban una de mis manos por su fuerte torso, notando por encima del suéter los músculos que lo formaban, haciéndolo suspirar contra mi rostro. Sentí su mano en mi espalda aferrarme con más fuerza contra él, aunque aún así era bastante incómodo ya que todavía nos encontrábamos sentados en nuestras sillas, por lo que sin dejar de besarlo, con el objetivo de que no viera mi obvio sonrojo, me levanté de mi lugar para sentarme a horcajadas sobre sus piernas.

Me sentí valiente solo por aquel gesto, nunca era tan atrevida, y el que Edward no me rechazara, inconscientemente, me había dado fuerzas para seguir con mi finalidad. Poco a poco aquel beso se fue intensificando, podía sentir sus brazos rodearme con fuerza mientras mis manos no cesaban de acariciar sus mechones broncíneos, su cuello y su torso por encima de su suéter.

Noté como su respiración aumentaba más rápido, algo que por un momento me hizo dudar en si seguir o no. Realmente era la primera vez que había intentado algo así con Edward y la única en toda mi vida, quería dar la talla y precisamente no sabía muy bien qué tenía que hacer. Los besos de Edward estaban quemándome lentamente y podía notar como mi intimidad comenzaba a humedecerse y latir.

Quería tocar su virilidad, pero no quería parecer una calentona, quería comprobar si yo realmente le excitaba como mujer, pero aquel simple gesto de pasar mi mano de la cinturilla de su pantalón a su miembro, aunque solo fuese por sobre el pantalón, me llenaba de inseguridades. ¿Cómo debería hacerlo? No tenía ninguna experiencia con los hombres, y aunque sabía perfectamente que Edward tampoco había estado con nadie también sabía que su sublimidad llegaría a ese punto y que probablemente me haría sentir viva, más de lo que ya me hacía sentir.

Decidí separarme de sus labios y deslicé mis labios por su mejilla, paseando por su mandíbula y llegando a su cuello. Casi me pegó un síncope cuando escuché como jadeaba en mi oído, entonces no me lo pensé más y bajé mi mano a su miembro, siempre muy tímidamente casi rozando la tela, no quería hacerle daño.

Soltó un breve gemido que me obligó a responder con otro. Había sonado exquisito escuchar su gemido. Se tensó al instante poniendo cada una de sus manos en mis brazos, provocando así que dejara de rozarlo y me miró a los ojos fijamente y sorprendido.

-Bella, por favor. - Suspiré y me entristecí al instante.

-Lo siento… - Y nos quedamos callados durante algunos minutos, pero yo sabía la razón de su rechazo, me la estaba repitiendo mentalmente desde que me había mirado con aquellos ojos esmeraldas y no me pude callar así como tampoco pude evitar sonrojarme - Sé que no soy lo bastante atractiva, pero yo pensé que tal vez… - Sus dedos se posaron sobre mis labios callándome.

-Shh. - Edward me sonreía. - ¿Cómo puedes decir semejante estupidez? - Me acarició la mejilla, aun me encontraba a horcajadas sobre sus piernas. - Eres hermosa. - Le quité las gafas y las puse sobre el escritorio, quería observar mejor sus ojos, para ver si realmente era sincero. - Eres la chica más hermosa que jamás he conocido. - Sonreí ante sus palabras, pero aun así no estaba contenta, rodeé su cuello con mis brazos y escondí mi rostro en el mismo.

-¿Entonces por qué me rechazas? - Edward rió nervioso, deshizo nuestro abrazo y volvió a mirarme estudiándome con la mirada.

-¿Tú… quieres hacerlo? - Creo que no dejé de estar colorada en ningún momento, por lo que ya me daba igual expresarme.

-Claro… ¿Qué pensabas que estaba haciendo? Te deseo. - Aseguré poniendo mi mano en su mejilla la cual se elevó junto a la misma cuando me volvió a sonreir. -¿Tú… no?

No me dijo nada, me cogió de la mano y me obligó a levantarme con él, volvió a mirarme a los ojos y suspiró, inclinándose un poco más a mi.

-No sabes lo difícil que es controlarme cuando estamos juntos. - Negó con la cabeza. -Sobretodo aquí, en tu habitación, haciendo un trabajo mientras sé que Charlie está ahí abajo al acecho en todo momento. - Susurró apoyando finalmente su frente en la mía, hizo una mueca. - Bueno… a excepción de hoy. Bella, no quiero que pienses que juego contigo, no te voy a negar que te deseo, ni si quiera puedo hacerlo porque te estaría mintiendo. -La mano que no estaba entrelazada con la mía se aferró a mi cintura. - Te quiero, y no quiero presionarte, quiero que pase cuando tú estés preparada, no deseo que lo hagas por mi, ¿entendido?- Sus palabras me enternecieron. Sonreí y me separé mirando hacia mi cama.

Lo estiré de la mano y me senté en el colchón, volviendo a estirarle de la misma para que él también lo hiciera. Había dicho que me deseaba, yo también lo deseaba a él, ¿entonces por qué esperar? Ansiaba tenerlo entre mis brazos y sentirme entre los suyos.

-Quiero hacerlo. - Edward me miró indeciso, temeroso. Le sonreí. - No lo hago solo por ti, te deseo Edward. - Él agachó la cabeza por lo que dejé de observar sus ojos.

-No es eso… - Murmuró con voz trémula.

-¿Entonces? - Pregunté con el ceño fruncido. Levantó el rostro de golpe estirándose de su cabello con la mano libre, ya que la otra seguía entrelazada con la mía. No pude evitar sonrojarme al ver que él lo había hecho.

-Yo… nunca he hecho algo así, no sé que hacer… - Agachó la cabeza. - No quiero hacerte daño.

Nos volvimos a quedar en silencio, él avergonzado, yo asombrada y deslumbrada por sus razones y por el infinito amor que sentía hacia mi. Edward era el ser humano menos egoísta que jamás había conocido, no pensaba en él, únicamente pensaba en mi bienestar. Posé mi mano en su mejilla con la intención de que reaccionase y volviera a mirarme, al menos su sonrojo había desaparecido.

Decidí no hablar, suspiré mirando sus labios y los presioné con los míos, notando de nuevo su suavidad y dulzura, porque a pesar de que Edward había sido el único chico con el que me había besado, podía adivinar que ningún otro me haría sentir lo que él me provocaba con tan solo un roce.

No muy convencido empezó a devolverme el beso, lentamente. Me deshice de su mano entrelazada solo para acunar su rostro y me fui tumbando en mi cama, de manera que él quedase sobre mí, pero mis pies aun quedaban fuera del colchón como los suyos.

-Quiero saber cuánto me deseas. - Susurré contra sus labios. Edward no me dejó de mirar cuando volvió a besarme, por lo que yo tampoco cerré los ojos. Entonces se separó. - Edwa…

No terminé de decir su nombre ya que me había quitado los zapatos, así como los suyos y me había cogido para tumbarme completamente en la cama y quedar sobre mí, esta vez tumbados por completo, abrí mis piernas para dejarle un hueco y poder sentirlo mejor.

-Te deseo tonta, más de lo que te imaginas.- Me dijo con una sonrisa mientras acariciaba mi cabello. Sonreí en respuesta y volví a besarle.

Deslicé mis manos a lo largo de su espalda hasta la parte más estrecha por donde pude meterlas bajo su suéter con la intención de tocar su piel. No era la primera vez que lo hacía, pero las pocas veces habían sido demasiado escasas, todo por mi timidez. No me detuve y seguí subiendo por la misma, notando el calor que desprendía mientras subía a la vez su prenda.

Edward no paró de besarme en ningún momento, tuve que separarme yo para poder quitarle el suéter, con su ayuda, sin dejar de observar su pecho perfectamente esculpido por los Dioses. Su piel pálida y sus músculos bien definidos lo hacían parecerse a alguna especie de ser irreal que ni yo mismo sabría darle nombre.

Me sonrojé cuando me di cuenta que sus ojos se habían posado en mi rostro con una sonrisa traviesa, me había pillado y aunque no podía arrepentirme de mirarlo, la vergüenza porque me pillara mirando aquella zona con suma atención me sobrecogió. Se acercó a mi oído y soltó unas risitas mientras sus manos iban a cada lado de mi cadera, encontrando el final de mi blusa y comenzándola a desabotonar desde abajo, mientras mis manos volvían a su cabello.

No pude evitar jadear por la sensación conjunta de sus dedos rozando la piel expuesta de mi abdomen a medida que iba desabotonando mi prenda y de los besos que le estaba otorgando a mi cuello. ¿Jamás lo había hecho? ¡Parecía mucho más seguro de lo que yo lo estaba! ¡Me estaba volviendo loca!

Se separó de mi solo para abrir por completo mi prenda y me sentí una vez más insegura cuando mi busto, aun recogido por el sujetador blanco que llevaba quedó ante su mirada. Me elevé un poco para que él me quitara la blusa y sonrió dulcemente haciendo que me sonrojara al ver como observaba con detenimiento mis pechos.

Cerré los ojos intentando apartar esa imagen, ¿sonreía así porque eran pequeños? Preferí no seguir observándolo, entonces su mano ardiente se colocó una vez más en mi mejilla para acariciarla y me besó la comisura de los labios, para descender por mi cuello, me estremecí por completo.

Mis manos cobraron vida propia y bajaron por su espalda hasta la cinturilla de sus boxers, los cuales sobresalían del pantalón. Pasé las mismas por su cintura mientras Edward repartía besos por todo mi rostro y llegué por su abdomen hasta el botón de sus jeans. Con extremado nerviosismo dejé el botón fuera del ojal y bajé la cremallera, provocando que Edward soltara un bufido en mi oído cuando sin ninguna intención rocé con un dedo su duro miembro.

Me mordí el labio, nunca me había imaginado cuan duro podría estar el pene de un hombre. Entonces una duda más me vino a la mente, ¿Sería muy grande? El hecho de no saber cómo era, porque obviamente yo nunca se lo había visto, me llenó de completa curiosidad. Comencé a bajar sus pantalones con las manos hasta que ya no llegué y me ayudé con los pies.

Podía notar como mi respiración cada vez aumentaba más a medida que Edward elevaba sus besos de intensidad y sus labios descubrían más zonas de mi cuerpo hasta detenerse en el principio de la tela de mi sujetador. Estaba volviéndome loca porque los lamiera, lo necesitaba, el dolor que se alojaba en mis pezones era casi insoportable.

Mientras seguía bajando por mi abdomen y yo era incapaz de mantenerme quieta en la cama, sus manos me iban desabrochando mi pantalón para deshacerse al fin de él y quedarme únicamente en mis prendas interiores, entonces Edward volvió a subir hasta mi rostro para volver a besarme.

-Te quiero. - Susurró contra mis labios. No sé si fue el momento, el sentir sus manos, sus labios, su cuerpo sobre el mío, no sé si fue una simple reacción de mi cuerpo o simplemente aquellas dos palabras pero mi cuerpo se estremeció y mi corazón comenzó a latir más apresuradamente.

-Yo también. - Contesté entre besos.

Gemí cuando noté como su miembro se frotaba contra mi muy húmeda feminidad aun sobre nuestras prendas. Sentí pudor por la humedad que sentía en mi entrepierna, pero es que lo que mi novio me estaba haciendo sentir era indescriptible y era inevitable que mi cuerpo reaccionase de tal manera.

Edward siseó cuando su mano se abrió paso por la tela de mis braguitas y tocó mi humedad. Me quedé sin saber qué decir, tampoco habíamos hablado mucho, pero no sabía si tenía que disculparme por ello, aunque solo un gesto me hizo saber que estaba bastante equivocada. Sus dientes mordisquearon el lóbulo de mi oreja de manera tan incitante que no pude evitar gemir al notar la atención que le estaba dando a mi centro, aunque había una parte en especial que llamaba a gritos su atención y no estaba siendo bien atendida.

Me retorcí de placer cuando al fin la encontró y en un movimiento de extremada locura por las sensaciones que estaba sintiendo presioné su trasero con las dos manos provocando que nuestras caderas chocasen y logrando que Edward soltase también un gemido.

Ante tal gesto, aparentemente confiado y que yo sabía perfectamente que había sido un reflejo de mi locura hacía él, Edward se deshizo de mi sujetador, dejándome por completo desnuda de cintura para arriba. Sus manos, que habían dejado de atender a mi centro, se habían colocado en cada uno de mis pechos con suma delicadeza mientras que su miembro, aun resguardado en sus boxers, se frotaba con mi intimidad.

A partir de aquel momento los jadeos eran incesantes y algún que otro gemido salía de nuestros labios, parecía estar en una nube a varios kilómetros por encima de la tierra. Pegué un gritito cuando sentí como sus dientes mordisqueaban uno de mis pezones, alternándolo con el otro.

No pude evitar agarrar su cabello con mis manos e inclinar mi cabeza hacia delante buscando poder besarlo en algún lugar de su perfecta anatomía.

Podía notar el dolor de mi entrepierna, necesitaba más atención por lo que quise bajarme las braguitas pero sus manos me lo impidieron y me miró fijamente a los ojos.

-Bella. - Pronunció mi nombre casi sin aire en un murmullo. - ¿De verdad… quieres hacerlo? - Acaricié su mejilla y asentí.

-Te necesito. Hazlo ya.

Fue el mismo con una pequeña sonrisa quien me quitó la última prenda que estorbaba en mi cuerpo, rozó con una de sus manos una de mis nalgas haciendo que mis ojos se cerraran, pero de repente su caricia cesó y los abrí. Estaba pensativo y su ceño se había fruncido, estaba temiendo ya que se arrepintiera de algo, por lo que subí mis manos por sus brazos y acuné su rostro.

-¿Qué sucede? - Pregunté confusa.

-Bella, yo… no tengo… - Su rostro se enrojeció. Me reí por la situación, estábamos a punto de acabar de una vez por todas de unirnos y a él no se le había ocurrido otra cosa más que sonrojarse. - Yo no sabía que iba a pasar esto y no tengo… preservativo. - Sonreí tiernamente.

-Edward… tomo anticonceptivos desde hace años para regular mi regla. - La expresión de su rostro se suavizó dejándome más tranquila y me besó una vez más acariciando mi cuerpo mientras yo acababa de quitarle sus boxers.

Abrí los ojos sorprendida, mientras Edward una vez más se había entretenido con mis pechos, cuando noté la extensión de su miembro entre mis muslos. Aun no lo había visto, pero tenía pinta de ser bastante grande, sabía que me iba a doler, lo sabía, pero no me importaba.

En un movimiento que califiqué como ágil viniendo de mi, nos giré a Edward y a mi, aunque sabía perfectamente que si no hubiese sido por él quizás nos hubiésemos caído de mi pequeña cama. Ahora era yo la que estaba sobre él, encarcelándolo con mi cuerpo, me incliné para besarlo en los labios, trazando un camino hasta llegar a su pecho fuerte, suave, duro, perfecto.

Sabía que no debería asombrarme por su innata perfección, pero era imposible no hacerlo cuando mis manos y mis labios recorrían cada ápice de su gloriosa anatomía. Levanté mi rostro en cuanto llegué a su vientre con la intención de observar su masculinidad. Quedé asombrada, había escuchado a Alice hablar de penes, pero jamás había visto uno, lo más parecido que había visto a de estos era en los libros de biología y ni siquiera eran reales. Era mucho más de lo que me había podido imaginar, era tan grande… y por desgracia un cosquilleo temeroso comenzó a alojarse en mi estómago. Me odié por un segundo, por pensar en que no sería capaz de soportarlo, pero era él… Edward.

Me sonrojé en cuanto noté como Edward se sentaba en la cama, sosteniendo mi rostro. No quise hablar, tampoco permití que mi vergüenza aflorara aún más porque él me dijese algo, así que lo besé olvidándome de nuevo de todo.

Suavemente Edward se inclinó sobre mi cuerpo dejándome una vez más bajo el suyo, sabía lo que me esperaba, quería pensar que esto no sería nada, que el dolor pasaría, que duraría solo unos segundos, pero lamentablemente yo sabía que no sería así. No obstante, tampoco podía negar por otra parte, la necesidad que estaba sintiendo por sentirlo en mí, yo quería probar esa sensación, quería sentir como aquella parte de su cuerpo se movía dentro del mío, quería que él formase parte de mí y yo formar parte de él…

Esto no lo hacía por él, lo hacía por mi, en realidad yo quería hacerlo. Acarició mis mejillas, con los codos apoyados a cada lado de mi cabeza y me miró intensamente, dejando al descubierto todos los sentimientos que sentía hacía mi… y me sentí mejor, sí, mucho mejor.

Sus ojos, color esmeralda, me miraban intentando descifrar mis pensamientos, pero yo podía ver en los suyos el amor, la fascinación, la excitación, el temor a lo desconocido… daba la impresión de que su mirada esmeraldina era transparente, podía ver la indecisión también abrirse paso, pero no lo permití. Besé sus labios tiernamente con la respiración por las nubes al igual que la suya y subí mis caderas tímidamente, intentándole comunicar con ese gesto lo que quería.

No dijo nada, solo me miró abriendo paso en sus labios a una pequeña sonrisa a la cual contesté y pasando su mano entre nuestros cuerpos hasta llegar a su miembro. Mis gemidos resonaron por toda la habitación cuando noté como la punta de su miembro desfilaba por mis pliegues en busca del lugar correspondiente, entonces se detuvo y abrí los ojos para encontrarme con los suyos entrecerrados. Él también había disfrutado aquel simple roce.

Sentí una pequeña presión en mi centro y solté todo el aire de mis pulmones, Edward se detuvo.
-¿Estás bien? - Susurró con la mandíbula tensa, sonreí asintiendo, me aferré con las uñas a su espalda, y escondí mi rostro en su cuello esperando lo peor.

Volvió a ejercer más presión y noté un dolor punzante, demasiado doloroso. Las lágrimas comenzaron a reunirse en mis ojos, mas no quise abrirlos, tendría que rechazarlas, no iba a arruinar el momento, mi cuerpo se tensaba cada vez más a medida que Edward empujaba hasta que paró y fue entonces cuando no pude evitar soltar un gemido cargado de dolor.

-Maldición. - Lo escuché murmurar con la intención de salir de mi cuerpo, pero no lo dejé, presioné mis piernas en sus caderas, haciéndole saber mi deseo. -¿Te duele? - Preguntó angustiado observándome directamente a los ojos. Hice el esfuerzo por sonreír, aún hablaba tenso.

-Quédate así, no te muevas. - Pedí rozando sus labios con los míos. - Te quiero.

Le besé, intentando seducirle, intentando no hacer notar mi dolor. Mis manos se relajaron y volvieron a acariciar su espalda, su trasero… hasta me permití presionarlo, logrando que él volviera a sisear.

Sus manos una vez más cobraron vida para llevarme al cielo de nuevo, acariciando la piel de mi rostro, de mis brazos, de mis pechos, de mi cintura…

-Eres tan suave… - Murmuró entrecortadamente en mi oreja.

Entonces noté como el dolor apaciguaba y otra vez mi cuerpo se recomponía, sintiendo aquel goce inexplicable, comencé a mover mis caderas, Edward se separó para mirarme sorprendido y le sonreí pícaramente, sintiéndome bien conmigo misma.

Noté como él se movía dejando salir su erección para luego introducirla de nuevo, gemí sin poder evitarlo, esto comenzaba a estar mucho mejor. Abrí los ojos para encontrarme con los suyos cerrados fuertemente y su mandíbula tensa, la acaricié, provocando que él escondiera su rostro en mi cuello. Removí mis caderas buscando fricción.

-Bella… - Llamó con voz contenida.

-Edward… muévete por favor. - Supliqué.

-Es que… - Bufó.

-¿Qué? - Él seguía con el rostro escondido en mi cuello.

-No voy a aguantar mucho más. - Murmuró apenado.

No pude evitar reír.

-Vamos tonto, no pienses en mi.

Esta vez se irguió para mirarme avergonzado, volví a mover mis caderas, insistente, bufó y se movió lenta pero tortuosamente. Sus jadeos, mezclados con algunos gemidos se hicieron sonoros acompañando a los míos. Me sentía en una nube, en una gran nube de algodón con Edward a mi lado, comenzaba a sentir partes de mi cuerpo que no sabía que existían, pero entonces Edward gimió fuerte y pude sentir su semen en mi interior, había llegado dejándome a las puertas del cielo.

Mi entrepierna dolía y no era para menos, había estado a pocos segundos de sentir algo tan maravilloso… pero no podía culparlo, no cuando tenía la visión de su cabello frente a mi rostro, su cabeza descansaba en mi pecho y su cuerpo respiraba agitadamente.

-Lo siento.- Se disculpó, irguiendo la cabeza para mirarme y se quitó de encima mía, me acosté de costado, al igual que él, apretando mis piernas para intentar tranquilizar aquello…

-No te preocupes… tenemos tiempo para perfeccionarlo. Aun nos queda mucho camino, conocer nuestros cuerpos… nuestros puntos clave…

-Pero te he arruinado la fiesta, debes pensar que soy…

-Shh… - Lo besé acariciando su mejilla. - Eres mi vida, y no consentiré que nadie se meta con ella. - Sonrió.

Nos abrazamos y comenzamos a besarnos, el dolor pareció calmarse, pero mi excitación no quería alejarse demasiado ante las caricias que Edward le propinaba a mi cuerpo. Aunque yo no había llegado, literalmente a mi orgasmo, sentirlo dentro de mi había sido por el momento la mejor experiencia que había vivido. No había palabras para describir como me había sentido al hacer el amor con él, había llenado mi cuerpo de una sensación única y que pretendía, ya que Charlie iba a tardar bastante, repetir.

Estiré a Edward para que quedara sobre mi y continuamos besándonos, acariciándonos hasta que volví a notar su erección, haciendo esta vez que mi intimidad se humedeciese más por el simple hecho de pensar en volver a acogerlo.

Aunque no teníamos experiencia, nos comportábamos de manera más natural, ya sabíamos lo que teníamos que hacer, sin cohibiciones, sin vergüenza, solo dejándonos llevar… hasta que volví a sentirlo dentro de mi, esta vez dándole una perfecta bienvenida, disfrutando el momento, logrando ver su rostro excitado cada vez que sus caderas chocaban con las mías… y esta vez por fin… llegué al cielo, había muerto y estaba con Edward en el cielo…

-Ahora sí me ha gustado.- Admitió riendo, mientras me observaba de frente, aun con su cuerpo sobre el mío, eliminando uno de los mechones de mi cabello que se había adherido a mi frente a causa del sudor.

-¿Antes no habías disfrutado? - Pregunté con el ceño fruncido.

-Sí, claro que sí. - Me besó la mejilla. - La primera vez ha sido maravillosa, pero esta vez, viéndote a ti… ha sido… - Hizo una mueca. - No tengo palabras para describirlo. -Acaricié su mejilla. - Vamos a tener que trabajar más en biología… Ahora te voy a echar mucho más de menos. - Susurró en mi oído exhalando su aliento y provocando que mi cuerpo se estremeciera.

-Bueno… tenemos un Volvo con cristales tintados… - Me miró temeroso, sabía que tenía muy celoso a su coche, después de todo era el coche de sus sueños hasta el momento. Reí ante su expresión. - No tenemos que utilizarlo si no lo deseas.

-Supongo que podemos… buscar otra alternativa… pero si no la encontramos… vas a visitar a mi Volvo más que de costumbre. - Presionó dulcemente sus labios con los míos, y estuvimos besándonos un rato más.

-Charile no tardará en llegar. - Suspiré resignada.

-Lo sé. Creo que ya debería irme, Carlisle debe estar preguntándose en dónde me he metido. - Lo abracé muy fuerte, deseando que no se apartara esa noche de mi. Él me correspondió con la misma intensidad, dejando un beso en mi cuello y se separó para mirarme.

-Ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. - Me sonrojé.

-También lo ha sido para mi.

Con mucha fuerza de voluntad lo dejé ir, observé su desnudez cuando se levantó para vestirse, toda aquella perfección había sido mía, solo mía. La euforia me invadió y me levanté de la cama cuando él acababa de coger sus pantalones del suelo para abrazarlo por la espalda. Se giró sonriéndome y me besó.

-Tengo que irme. - Murmuró muy cerca de mis labios con las cejas elevadas.

Sonreí y comencé a vestirme yo también, había sido la mejor tarde de toda mi vida, junto a él, junto a Edward.

-Nos vemos mañana. - Me dijo entre besos frente a la puerta del recibidor.

-Soñaré contigo esta noche. - Le contesté haciendo que chocara con la puerta.

-Yo también. - Murmuró sosteniéndome entre sus brazos, elevándome del suelo para besarme por última vez y me dejó otra vez sobre el suelo. Le abrí la puerta besándole la mejilla a lo que él contestó girándose para darme un último beso con la chaqueta aún en la mano. - Te quiero. - Dijo sonriendo parándose en medio de la escalera.

-Y yo.- Contesté escondiéndome detrás de la puerta. Agité la mano despidiéndome de él.

Se giró y se coló su chaqueta, noté como el frío pasaba acariciando la piel de mi rostro, pero no le perdí de vista hasta que entró en su coche y arrancó para irse. Cerré la puerta y grité de la felicidad que sentía, comenzándome a reír, había sido maravilloso.


Imprescindible One Shot


Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer


Imprescindible


El teléfono comenzó a sonar y tuve que dejar de ordenar por octava vez los historiales de la semana pasada.

-Consulta del Doctor Cullen. - Hablé buscando el listado de citas de la clínica en el ordenador mientras sostenía el teléfono con mi hombro y mi mandíbula.

-Hola, quería confirmar una cita para quimio para mi hijo.

-¿Cómo se llama su hijo? - Silencio.

-Seth Clearwater. - Tecleé de inmediato.

-Sí, aquí lo tengo. ¿Era el 5 de octubre, cierto?

-Sí.

-Aunque, tengo que advertirle que el Doctor Edward Cullen no estará, lo suple otro Doctor Cullen.-Más silencio.

-¿No se encontrará el Doctor Cullen? - Sonreí comenzando a ponerme algo nerviosa.

-¿Edward?

-S-sí.- Titubeó confundida. Suspiré.

-Entonces tendría que esperar hasta el día 12 mínimo señora, se encuentra fuera por motivos profesionales. - Silencio. Puse los ojos en blanco. - No tiene por qué temer nada, sé que debe estar acostumbrada a él, pero el que lo está supliendo ahora es muy bueno también.

-Bueno… está bien.

-Estupendo. Buenos días, señora.- Me despedí colgando.

Me rasqué el brazo, acabando de escribir la cita. Mi móvil personal comenzó a vibrar sobre la mesa. Conocía ese número perfectamente. ¿Qué habría hecho ahora? Era la segunda vez que me llamaban desde que se había ido mi marido. Apreté el botón verde con las manos crispadas.

-¿Sí?

-Señora Cullen.- Me saludaron. - Disculpe que la llame, supongo que ya sabe quien soy, pero tengo que hablar con usted sobre su hijo mayor.

-¿Qué ha hecho ahora Marc? - Pregunté un poco avergonzada.

-Insiste en sobrepasarse con Nelly.

-Por Dios solo tienen 13 años. - Dije enfadada refiriéndome a la niña también. Haciendo notable que mi hijo no era el único culpable en toda esta historia.

-Creo que debería hablar seriamente con este muchachito, de lo contrario me veré obligada a tener que expulsarlo del colegio. - Suspiré.

-No se preocupe. Haré todo lo posible, pero no sé qué tengo que hacer con él.

-Confío en usted señora. Espero no tener que volver a llamarla pronto.

-Yo también, y disculpe.

-No se preocupe, sé que usted no tiene la culpa. - Y colgó.

Bufé sin remedio. ¡Un día de estos Marc iba a matarme! Nunca me había dado problemas, hasta a mediados de curso del año pasado, cuando la directora del colegio al que iba me llamó por primera vez, diciéndome que Marc había estado llevando conductas muy poco apropiadas con una chica de su mismo curso delante de todos los alumnos, grandes y pequeños, dando una mala imagen.

Entendía perfectamente que eso no estaba bien y me gustaba menos que ese comportamiento proviniera de mi hijo, pero cuando le pregunté al propio Marc me dijo que Nelly era su novia y que por eso podía besarla dónde quisiese. Quise razonar con él, pero no había manera. Edward también lo intentó, incluso un día tuve que detener a mi marido porque levantó el brazo preparado para pegarle a causa de las contestaciones de Marc, cosa que me sorprendió, pues él jamás había reaccionado con ninguno de sus hijos así. La pubertad no le estaba sentando muy bien al mayor de mis hijos.

Mientras pensaba en todo eso estaba llevando a cabo las tareas asignadas en mi puesto de trabajo, era la secretaria de mi esposo. La puerta de su consultorio se abrió y salió mi cuñado, algo que no me debía haber sorprendido si me paraba a pensar que ya hacía un buen rato que no recibía visitas.

-¿Aun estás aquí, Bella? - Miré el reloj de mi muñeca mientras él me formulaba la pregunta.

-¡Cielos! Las 2 menos cuarto Emmett,¡debo ir a por los niños! - Mi cuñado sonrió negando con la cabeza.

-Bella, tranquilízate, están aquí al lado. Vamos te espero, yo tengo que ir a buscar a las mías también.

-¿Y Rose? - Pregunté mientras lo dejaba todo colocado y cogía mi bolso para salir.

-Está reposando, esta noche no ha dormido muy bien. - Sonreí dulcemente, acordándome de su enorme barriga, mientras caminábamos por el pasillo para salir de la clínica.

-Solo le quedan días. - Emmett sonrió asintiendo. - Apuesto a que sueñas con que sea niño esta vez.

-Tengo ganas de un varoncito… pero si es una niña va a ser igual de bienvenida, ¿Qué le voy a hacer? - Emmett y Rose habían hecho el último intento por tener un niño y por eso habían decidido no saber el sexo del bebé esta vez. Todos estábamos intrigadísimos.

-Sí, supongo… - Llegué a mi coche. - Pues ahora nos vemos en el colegio.

-Venga, hasta ahora. - Dijo entrando a su coche.

Marc, Renesmee de 6 años y mi pequeño Benjamin de 3 añitos subieron al coche. Renesmee y Benjamin, me saludaron con un beso, Marc se limitó a sentarse sin decirme nada y miró a la ventana, supongo que sabía lo que le esperaba. Renesmee me estuvo contando todo lo que había hecho en el colegio ese día, mientras Benjamin no paraba de llamar la atención.

Una vez en casa, Marc se dirigió a su cuarto a encerrarse, como hacía habitualmente, y Renesmee y Benjamin comenzaron a entretenerse mirando la televisión, fue entonces cuando el teléfono de casa sonó y no me dio tiempo a cogerlo, pues alguien lo había cogido y sabía quien era. Desde que comenzó a pasar todo esto, Marc se podía tirar horas hablando por teléfono con Nelly. Fui directa al pasillo de todos modos y él salió.

-Es papá. - Le lancé una mirada enfadada, para que se fuera haciendo a la idea de lo que le esperaba. "El Sermón", como solía llamarlo él. Suspiré y cogí el teléfono dirigiéndome a la cocina de nuevo.

-¿Sí? - Mi voz sonó mucho más desagradable de lo que me hubiese gustado.

-Uy, mi amor ¿no he llamado en un buen momento?- También estaba el tema de Edward… Suspiré.

-Lo siento, no quería contestar así. ¿Cómo estás? - Dije esta vez en un tono de voz más adecuado.

-Bueno, con muchísimas ganas de volver y estar con vosotros, y ya sabes… - No pude evitar sonreír en medio de tanto enojo acumulado.

-Yo también tengo ganas de verte.- Murmuré en tono meloso. - Y bueno, los niños también .- Continué después de unos segundos. - Solo han pasado cinco días. - Me quejé. Edward soltó una carcajada.

-Es más de la mitad, solo quedan dos días para que vuelva.

-Podrías volver ya. - Dije como si tuviese la edad de Renesmee.

-Pronto, amor, pronto. - No quise decirle nada de Marc para no preocuparle de nuevo. Alguien me estiró del vaquero.

-Creo que alguien quiere hablar contigo.- Murmuré observando a mi pequeño mirándome con esos ojos marrones verdosos, abiertos de par en par, pidiéndome el teléfono.

-¿Es Benjamin? - Rió.

-Sí. - Volvió a tirarme del pantalón.

-¡Ay! ¡Papá! Quero papá. - Pronunció desesperado.

-Te lo paso, me va a dejar sin vaquero.- Edward volvió a reír.

Benjamin no hablaba mucho, pero parecía un hombrecito pequeño con esos vaqueros, esa camiseta y con el teléfono presionado en la oreja, más grande que él prácticamente. Sonreí, mientras lo escuchaba chapurrear con Edward. Después volvió a tenderme el teléfono y volvió a salir de la cocina.

-Bueno ¿y como va el Congreso?

-Bien, tendrías que ver la cantidad de gente que ha asistido este año, Bella, increíble. - Sonreí deseando estar con él en ese mismo momento. - ¿Bella?

-Sí, perdón.

-Te quiero, tengo que dejarte. - Suspiré resignada.

-Está bien. Nos vemos pronto.

-Cuento los segundos para volver a casa, de verdad.

-Te quiero.

-Y yo, un beso, amor.

-Otro para ti. - Y colgué.

Colgué suspirando anhelante y seguí haciendo la comida. Edward, había asistido este año, como desde hacía tres, con su padre, en calidad de moderador, a las XX Jornadas Nacionales y X Congreso Nacional de Enfermería de la Infancia. Era cierto que no me gustaba en absoluto que me dejara sola en casa, pues lo echaba mucho de menos los siete días que solía estar fuera, pero con el simple hecho de ver reflejado en sus ojos la fascinación que sentía por su trabajo merecía la pena quedarme sola con mis monstruitos durante algunos días. Él amaba la pediatría y todo lo que tuviese que ver con la medicina infantil, por eso nunca me había negado a que se fuera a uno de esos Congresos.

Sonreí al recordar la última vez que regresó de uno de ellos. Llegó a casa con un ramo de rosas rojas para mi, exactamente como el año anterior a ese, y llenó su equipaje de mano de regalos para los niños. Siempre había sido un amor, desde que lo conocí en el Instituto.

Quizá nuestra relación había pasado muy rápido de la amistad al amor, pero simplemente era imposible no amarlo, desde que tenía trece años me volvía loca su manera de hablar, la manera en la que se sacudía su cabello rebelde del color del bronce, la manera en la que me miraba… Así que fue imposible resistirme al primer beso que me regaló con tan solo 15 años.

Y aunque Marc no había sido buscado, y en parte me causó bastantes miedos e inseguridades, durante el embarazo a mis 18 años, hoy, aunque se había convertido en un rebelde de 13 años sin remedio, era el primer fruto del amor que compartía con Edward.

Podía recordar aquella época como si tan solo estuviese a dos o tres años de distancia. Edward ni tan solo se atrevía a mirarme a los ojos sin sentir vergüenza y culpabilidad, pero poco a poco, con la ayuda de su hermano mayor Emmett y la ayuda de nuestra familia, comprendimos que el error no había sido concebir a nuestro primer hijo, el error había sido no utilizar métodos anticonceptivos. Aquel ser que crecía y se hacía con el paso del tiempo más fuerte en mi vientre no tenía culpa de la irresponsabilidad de dos adolescentes que jugaban a amarse sin pensar en las consecuencias.

¿Y cómo iba a pensar coherentemente con Edward? Era imposible resistirme a todo lo que tuviese que ver con él: su voz al susurrarme al oído sugerentemente, sus ojos mirándome con tal intensidad que parecía traspasarme, sus labios creando sensaciones maravillosas al rozar cada ápice de mi piel… Después de descubrir el sexo con Edward, me volví una irresponsable, tanto o más que él… No pensábamos en un posible embarazo, solo en el momento. Ni las charlas en el colegio, ni las famosas serias conversaciones con mi madre hicieron efecto y terminé quedándome embarazada.

Pero aunque era algo que ninguno de los dos había pensando y con lo que evidentemente llegué a sentirme claramente perdida y desorientada cuando me enteré, gracias a ello, nuestra relación se hizo mucho más fuerte y maduramos como persona y como pareja en muy poco tiempo. No nos fuimos a vivir en seguida, pues pude convencer a Edward de que debía cumplir su sueño de llegar a ser uno de los mejores pediatras. Yo me limité a cursar algunos Ciclos Formativos. Estudiar nunca había sido mi fuerte, pero era consciente de que siempre necesitaría rellenar mi currículum para conseguir algo de mi agrado. ¿Y qué mejor que terminar siendo la secretaria de mi esposo en la clínica infantil que él mismo había fundado junto a su padre y hermano mayor hacía tan solo cuatro años?

-Mami, tengo hambre. - Dijo Renesmee sacándome de mis pensamientos.

-Ya mismo estará la comida, cariño. - Le sonreí a mi hija y saqué la olla express del fuego.

-¿Zopita? - Preguntó Benjamin detrás de su hermana.

-Sí, sopita. ¿Sabes qué, cariño? Podrías avisar a Marc y decirle que la comida ya está lista.

Mientras Renesmee hacía el recado puse la mesa después de sentar a Benjamin. Solo esperaba que el terco y rebelde de mi hijo mayor no me enfadara más por el día de hoy, porque consideraba que ya era suficiente.

-Mami, dice que no viene. - Dijo mi princesa sentándose en la mesa.

La sangre me hirvió y decidí respirar hondo varias veces para ganar al impulso de ir directa a la habitación de mi hijo mayor.

Me tranquilicé un poco comiendo con mis otros dos hijos, y lo único en lo que podía pensar era en la rebeldía de Marc. Solo esperaba que Benjamin y Renesmee no fuesen iguales. No sabía qué tenía que hacer con Marc ya. Edward y yo habíamos tenido serias conversaciones con él, habíamos intentado explicarle de la mejor manera posible, para que él lo entendiera lo frustrante que era para nosotros que se comportara así.

De todas formas, él hacia caso omiso a los sermones, como él los llamaba, y se volvía a encerrar en su cuarto con el ordenador, o con el teléfono, al menos no había dejado de estudiar. Sabía que su edad era muy propia de esos comportamientos, yo misma me comportaba así, en el sentido de que me gustaba estar en mi espacio, en mi habitación, pero jamás había tenido una mala palabra con mis padres, mucho menos habían llamado a casa quejándose del colegio por haber hecho alguna acción vergonzosa.

Fregué los platos y recogí la cocina antes de llevar a Renesmee y Benjamin a casa de mis suegros para volver a mi puesto de trabajo.

Le había dicho a Marc que me marchaba y ni siquiera me había contestado. ¿Esa era la educación que Edward y yo le habíamos inculcado?

Estresada y de mal humor salí de mi vehículo para dirigirme de nuevo al trabajo. Entré al consultorio de Emmett e intenté tranquilizarme, preparándoselo todo para el turno de por la tarde.

-Buenas tardes, cuñadita. - Saludó él.

-Hola Emmett.

-¿Cómo están mis sobrinos?

-Bien, he dejado a Renesmee y a Benjamin hace unos minutos en casa de tus padres. - Él asintió, dejé unos recados en su mesa y me giré para mirarle.

-¿Y mi ahijado? - Suspiré fuertemente y un nudo se instaló en mi garganta. Tenía unas ganas tremendas de que Edward volviese ya.

-Se ha quedado en casa, como siempre últimamente, encerrado en su habitación. - Dije desganada.

-Vamos, Bella, es normal. ¿Acaso tú no lo hacías cuando tenías su edad? - Fruncí el ceño.

-Sí Emmett, sí. Pero él es un mal agradecido, a veces hasta dudo de que me quiera…

-No pienses así, Bella, verás como cambia con el tiempo.

-Eso espero… - Murmuré.

Miré mi reloj, dándome cuenta de que las consultas comenzarían en muy poco, me despedí de Emmett y salí a hacer mi trabajo. Al menos lograba estar un poco distraída y mi estrés se dirigía a otro asunto, aunque cuando casi estaba por finalizar mi turno ya comenzaba a desesperarme, no había sido ni por asomo mi mejor día.

Volví a despedirme de mi cuñado y me dirigí a casa de mis suegros para recoger a los niños. Cuando al fin llegué a casa comencé a ponerme nerviosa cuando escuché la música a todo volumen provenir del cuarto de Marc, los vecinos ya debían estar desquiciados también con este niño.

Histérica corrí hacia la habitación de Marc e intenté abrir pero su puerta estaba cerrada, por lo que más me enfurecí.

-¡Marc! - Lo llamé esperando que me escuchara. -¡Marc! - Volví a intentar, pero la música estaba tan fuerte que ahogaba mi voz. - Dios mio… - Murmuré sin escucharme en absoluto. - ¡MARC! - Grité finalmente golpeando la puerta.

-¿Qué? - Contestó aflojando un poco la música.

-Ya hemos llegado, ¿me abres? - Solo me contestó el silencio. - ¿Marc?

-Un minuto, mamá. - Enarqué una ceja. Su tono de voz inocente era sospechoso y más si lo acompañaba con un mamá. - Ya. - Dijo abriendo la puerta con unos pantalones y sin camiseta, su pelo lucía alborotado.

-¿Qué hacías?

-N-nada. - Tartamudeó. Me asomé por su hombro y vi a una chica sentada sobre la colcha mal puesta.

-Marc Cullen Swan… - Gruñí comiéndomelo con la mirada. - ¡Por Dios solo tenéis 13 años! - Exclamé entrando a la habitación y mirando a Nelly. - Será mejor que vuelvas a casa si no quieres que informe de esto a tu madre, señorita.

Con un rubor increíble, la respiración agitada y los ojos abiertos y llorosos asintió, levantándose del lugar y caminando hacia la puerta. Miré a mi hijo que estaba con la cabeza gacha, solo esperaba que esta vez si supiese que había obrado mal.

-No quiero volver a presenciar esto Marc, solo tienes 13 años. - Con el valor que lo caracterizaba alzó el rostro y me miró con el ceño fruncido.

-Es mi habitación, puedo hacer lo que quiera.

-En esta casa convivimos cinco personas, ¡no puedes actuar como si vivieses solo! - Bufé llevándome una mano a la frente. - Cuando tu padre se entere de esto… - La ira volvió a invadirme cuando mi hijo se rió en mi cara. No pude evitarlo, fue un arrebato. Le di un bofetón en la cara. - ¡No vuelvas a reírte de esa manera, jovencito! ¿Es que acaso no te hemos enseñado modales? ¿No soy nada para ti?

-¡Vete ya, anda! - Me gritó empujándome hacia fuera. Con tan solo 13 años ya tenía más fuerza que yo.

-¡Marc! - Repetí batallando con él. - ¡Marc! ¡Te juro que como no pares te quedas sin paga de por vida!

-¡No me importa! Para la mierda de paga que me dais… - Y logró echarme cerrándome la puerta en las narices y volviendo a echar la llave.

Ese objeto iba a durar muy poco ya en ese lugar, a la mínima oportunidad la quitaría y la escondería bien. No podía hacerme esto, tenía que aprender a respetar a sus padres. Con los nervios a flor de piel y un cabreo increíble me giré viendo como Renesmee y Benjamin me miraban asustados. Suspiré y me acerqué a ellos intentando relajarme.

-No estéis asustados. - Dije cuando me agaché a su altura.

-Yo no lo estoy mamá. - Dijo Renesmee abrazándome y me sentí mucho mejor. - Y Benjamin tampoco. - Dijo. Miré a mi pequeño quien negó con la cabeza y se unió a su hermana para abrazarme también.

Una lágrima se deslizó por mi mejilla recordando cuando Marc tenía tres, cuatro, cinco años… Era un sol, un príncipe que pintaba la vida de Edward y la mía de colores, sin embargo ahora era todo lo contrario. Abracé con fuerza a mis dos pequeños e intenté secarme disimuladamente aquella lágrima, no quería asustarlos.

Los conduje hasta la cocina, ya era hora de cenar y que se fueran a dormir. Al menos Marc no había vuelto a poner la música alta, aunque podía escucharla en el pasillo y en las habitaciones. Tuve la intención de avisar a mi hijo mayor que la cena ya estaba lista, pero no quería volver a discutir con él. Cuando tuviese hambre sabía que cenaría, no se iba a morir de hambre.

Después de cenar, me duché, duché a mis pequeños y me quedé viendo un pequeño rato la televisión con Renesmee y Benjamin, sin dejar de pensar en el disgusto que me había llevado con Marc el día de hoy, no sabía qué tenía que hacer con él. Giré mi cabeza y vi cómo mis dos niños se habían quedado dormidos en el sofá, parecían dos angelitos. Solo esperaba que ellos cuando tuvieran la edad de su hermano no se comportasen de la misma manera.

Primero cogí a Renesmee y la dejé en su habitación, dándole en la frente un beso de buenas noches después de arroparla e hice lo mismo con Benjamin, quien al dejarlo en su cama se había enganchado a mi cuello con tanta fuerza que se despertó un poquito cuando deshice el nudo de sus brazos en mi cuello.

-Shh, buenas noches angelito. - Abrió sus labios y sonrió con los ojos cerrados.

-Te quero, mami - Musitó dormido. No pude evitar sonreír, Marc me disgustaba a menudo, pero después tenía estos premios que me hacían olvidar en parte los episodios con el mayor de mis hijos. 

Me quedé viendo unos segundos a Benjamin y de nuevo escuché la música alta, no como cuando había vuelto, pero lo suficiente para escucharla perfectamente. Me dirigí de prisa a la habitación de Marc, que encima se encontraba en medio de las de sus hermanos. ¿Es que no pensaba en nadie? Esto ya había sido la gota que colmaba el vaso.

-¡Marc! ¡Baja esa música, tus hermanos están durmiendo ya! - No me contestó, pero al menos me hizo caso. -¡No piensas en nadie! Mañana hablaremos muy seriamente, esto no puede seguir así. - Podía imaginarme mientras hablaba de cómo seguramente ponía los ojos en blanco.

Suspiré resignada y me dirigí a mi habitación, después de asegurarme que Renesmee y Benjamin seguían dormidos, cargada de todo el día. Había sido demasiado, Marc se había pasado mucho. No tenía ni idea de cómo tenía que actuar, necesitaba que Edward llegara, necesitaba que me ayudara, quería sentir su apoyo, que me relajara con un cálido abrazo, pero aún faltaban dos días… y yo me estaba desesperando. Me mordí el labio, a fin de cuentas él se estaba librando de todo esto y era yo la que me lo estaba tragando todo.

Me quité la ropa para ponerme el pijama, lo mejor sería dormir, aunque no estaba segura de conciliar el sueño.

-Creo que no he podido llegar en mejor momento. - Elevé la cabeza, viendo como Edward observaba mi cuerpo a falta aun del camisón, el cual me puse enseguida con el ceño fruncido. Había deseado verlo, mucho, pero mi mal humor no me permitía darle la bienvenida que había pensado.

-¿Ya has llegado? - Pregunté dándome la vuelta mientras frente al espejo me hacía un moño y me quitaba los pendientes.

-¿Esa es mi bienvenida? Hasta la de los niños que estaban dormidos ha sido más efusiva. - Contestó, acercándose a mi, mientras yo no quitaba la vista de mi rostro reflejado en el espejo. Uno de sus brazos rodeó mi cintura. - Yo había traído esto para ti. - Completó poniendo frente a mi un ramo de rosas rojas.

No pude evitar sentirme mejor y peor. Edward siempre se comportaba conmigo como si yo fuese su reina y ¿yo qué estaba haciendo? Dejé escapar una sonrisa y miré su reflejo en el espejo, el cual también pintaba una sonrisa. Cogí las flores y las olí, disfrutando de su dulce aroma.

-Gracias. - Dije sinceramente, girándome para encararlo. Él frunció el ceño y pasó su dedo índice muy delicadamente por debajo de mi párpado derecho. -¿Cómo es que has llegado antes?

-¿Qué ha pasado? - Me mordí el labio, pues con aquella pregunta casi notaba que mis lágrimas, retenidas durante todo el día saldrían desparramadas, dejé el ramo de rosas sobre la peinadora y rodeé su cintura con mis brazos hundiendo mi cara en su pecho.

Suspiré más tranquila llenándome de aquel olor tan característico que tenía mi esposo y me apreté más contra él, sintiendo la calidez de su cuerpo. Sus brazos me dieron un apretón pero después me alejó solo lo suficiente para elevar mi mentón con su mano.

-Cuéntamelo, amor. - Y se inclinó para darme un beso en la frente. - Vamos. Dime qué pasa.

-Es Marc… - Dije separándome de él para sentarme en el filo de la cama. - Siento que hemos hecho algo mal con él Edward. - Él se sentó a mi lado entrelazando una de sus manos con la mía y elevándola para darme un beso en el dorso.

-¿Qué ha hecho esta vez? - Suspiré.

-Me han vuelto a llamar del colegio para lo mismo… y hemos tenido una discusión esta tarde cuando llegaba del trabajo… - Mumuré.

-¿Por qué?

-¡Es un mal agradecido, Edward! - Dije levantándome. - A veces siento que no me quiere, que no nos quiere. Solo piensa en él, se ha vuelto un egoísta. - Dije dejando escapar las lágrimas de mis ojos.- Edward se levantó y me abrazó, acariciándome el cabello.

-Ya mi vida, no llores. Te prometo que mañana hablo con él.

-No sirve de nada, ¡de nada! - Sollocé.

-Shh. - Siseó abrazándome más fuerte. - Bella tranquilízate.

-Estaba con una chica en su habitación, a solas, Edward. - Los brazos de Edward se paralizaron, pero sin dejar de abrazarme. No dijo nada, por lo que elevé mi rostro para observar el suyo, había fruncido el ceño y estaba mirando la puerta de nuestra habitación. - Ni lo pienses, es tarde, los niños están durmiendo, se asustarán. - Él negó con la cabeza y acunó mi rostro entre sus manos, limpiando mis lágrimas con sus pulgares.

-Quizá y eso espero, se comporte así a causa de la edad. Espero que cambie cuando sea más mayor.

-Yo también. - Dije envolviendo su cuello con los brazos y hundiendo mi rostro en el mismo, dejando un beso en aquel lugar. Escuché su suspiro.

-Aunque quizá también va en serio con esa chica… - Le miré frunciendo el ceño. - ¿Ya no te acuerdas de nuestro primer beso? Fue a los 15...

-Dos años más… - Dije volviendo a estrecharlo.

-Pero yo ya estaba enamorado de ti desde mucho antes… - Besé su cuello.

-No quiero que pase lo que nosotros pasamos, Edward… me da miedo. - Él suspiró y besó mi coronilla.

-Cuando uno es padre y lo vive es diferente, pero estoy casi seguro de que él cambiará. No debemos dejarle, y tenemos que seguir a su lado amor, aun es joven y a esta edad comienza a introducirse en la vida del adulto. Es como un salto al vacío y tenemos que estar ahí para que aterrice correctamente.

Sonreí, siempre que Edward estaba conmigo llevaba mucho mejor lo de Marc.

-Mañana lo trataremos juntos con más calma. Este periodo va a ser difícil, pero yo sé que juntos podremos superarlo, siempre hemos podido, ¿no es así? - Y sonreí más, abrazándole con más fuerza, dejando mis labios presionados en su cuello. - Os he echado mucho de menos. - Dijo acunando mi rostro.

-Y nosotros a ti - Contesté poniéndome de puntillas para besar sus labios.

Una vez más la sensación que sus labios provocaban sobre los míos, logró que mi respiración se elevase considerablemente.

-Parece que hace un año que te fuiste. - Confesé sobre sus labios, sonriendo cuando me cogió en brazos para dejarme sobre la cama.

-Pues a mi no me lo ha parecido cuando he cruzado la puerta de la habitación… - Dijo sobre mi, mientras una mano se apoyaba para que yo no soportara su peso, con la otra se deshacía de su corbata y sus labios no paraban de besar mi mejilla, mi mentón, mi cuello, volviéndome loca.

-Edward…

-Dime cariño. - Dijo ronco, provocando que la excitación creciera en mi.

-¿Marc está dormido? - Él rió bajito sobre mi cuello, mientras yo desabotonaba su camisa.

-No lo sé, he intentado abrir la puerta pero estaba cerrada y contando que está enfadado contigo, no creo que aparezca.

-No me enorgullece que esté enfadado conmigo. - Murmuré algo seria, empujando con mis manos su pecho para que me mirara. Puso los ojos en blanco y me lanzó una sonrisa traviesa provocando que tuviese que corresponderle sin otra opción.

-Deja de pensar por un minuto amor, te he echado mucho de menos. - Musitó deshaciéndose de su camisa, dejando su pecho perfecto al descubierto y ganándome la batalla por completo.

-Sí… - Dije simplemente, llevando mis manos a sus pectorales dibujándolos con las puntas de mis dedos bajando hasta trazar las líneas de sus abdominales y bajando hasta encontrarme con su cinturón, el cual quité sin esfuerzo.

-Lleva mucha ropa, señora. - Susurró juguetón. Negué con la cabeza y me senté junto con él, deshaciéndome de mi camisón, para después sin previo aviso tumbarlo y posicionarme sobre su cuerpo.

Lo besé de nuevo descargando las ganas que tenía de él, lo había echado tanto de menos, me había echo tanta falta… pero ya estaba conmigo para enfrentarnos al día a día juntos. Sus manos recorrieron mi espalda logrando que me estremeciera completamente y me quitó el moño, dejando que mi cabello cayera por mis hombros.

-Así pareces un ser totalmente irreal. - Musitó mirándome con devoción mientras volvía a girarnos y me besaba en los labios, descendiendo por mi cuello y llegando a mis pechos.

El calor aumentó, y no pude hacer nada para evitarlo, abrí mis labios incapaz de mantener mi respiración por la nariz, jadeante y llevé mis manos a su cabello dándole suaves estirones y llenando mis pulmones más de aire cada vez que pequeños gruñidos salían de sus labios.

Bajó lamiendo mi vientre y me aferré con fuerza a la almohada cuando su lengua hizo contacto con mi intimidad tras deshacerse de mi tanga. Sujetó mis caderas incapaces de estarse quietas por el enorme placer que me estaba haciendo sentir aquel hombre. La luz seguía encendida y por más que intentaba mantener mis piernas abiertas no podía.

Dejaba escapar silenciosos sonidos de mi boca, pero lo cierto es que con gusto me habría puesto a gritar. Bajé una de mis manos y de vez en cuando le propinaba estirones en el cabello sintiendo como él mismo me llevaba una vez más al éxtasis completo.

Mi respiración seguía dificultosa aun cuando él volvía después de deshacerse de las prendas que aun tenía y quedar completamente desnudo. Me sonrió con picardía y me mordí el labio girándonos, haciendo que yo quedara arriba.

-Te amo. - Musité sobre sus labios, dándole un lento y pasional beso.

Bajé por su cuello mordiéndolo y pasé mi lengua por sus pectorales y su abdomen, los cuales tenían el poder de dejarme sin aliento, hasta que me encontré con su enorme erección, tan enorme y tan mía.

Sin dejar de mirarle con la intención de ver la expresión de su rostro, bajé mi mano hasta rodear su miembro con ella. Arrugó su rostro y siseó con los dientes cerrados. Después me miró con los ojos entrecerrados.

-Eso provocas en mi, Bella.

-Pues ¿sabes? - Pregunté acercándome. - Me encanta. - Terminé dándole un beso a su punta sin perder el contacto visual con él, quien no pudo mantener abiertos los ojos cuando mi lengua se paseó dando círculos por la misma.

Sin previo aviso se separó de mi, me rodeó con sus brazos y quedé de nuevo bajo su enorme y escultural cuerpo, sintiendo mucho más su erección empujar contra mis muslos.

-No seas mala, no me hagas esperar más, te necesito; necesito sentirte. - Dijo en mi oído mordiendo el lóbulo, mientras una de sus manos se abría paso entre nuestros cuerpos y se deslizaba entre mis íntimos pliegues. - Mmm, me excitas tanto… tanto…

-Hazlo ya. - Pedí sin poder soportarlo más.

-Te amo. - Musitó y sentí su miembro abrirse paso hasta el final, provocando que arqueara la espalda y que mi respiración se incrementase más. Mis brazos se aferraron a su cuello mientras él cogía impulso y comenzaba a moverse.

Estar así con Edward siempre me fascinaba. Darme cuenta que con el tiempo seguíamos tan unidos, que los años juntos no habían deteriorado nuestra relación me hacía sentir siempre importante. Nuestra unión siempre era más fuerte, uno no era nada sin el otro y eso estábamos demostrando en ese preciso momento, cuando nuestros cuerpos interaccionaban unidos, descargando las ganas que habían tenido de volver a estar juntos. Amaba a mi esposo, lo adoraba y cuando pasábamos días separados me daba aun más cuenta de lo importante que era para mi.

-Eres una Diosa. - Musitó entrecortadamente cuando la sincronía de nuestros movimientos se volvió insoportable.

Llevé mis manos a su rostro, intentando abrir los ojos para ver el suyo y lo acaricié. Sus dientes dieron un pequeño mordisco a mi dedo pulgar cuando se deslizó por sus labios y tuve que reunir toda mi fuerza para no soltar un audible gemido.

Mientras tanto seguía sintiéndolo entrar y salir de mi interior con tanta experiencia. Sentí todos mis músculos contraerse, lo estaba sintiendo e iba a llegar ya.

-Vamos, mi vida. - Su miembro rozaba deliciosamente aquel punto exacto y ejercí más fuerza con mis brazos alrededor de su cuello cuando por segunda vez el éxtasis me sobrecogió.

-Dios, Edward. - Gemí bajito en su oído.

-Me vuelves loco. - Murmuró en todo ronco, penetrándome dos veces más, entonces sentí su semilla esparcirse en mi.

Con la respiración aun agitada, Edward salió de mi pero no se apartó de encima mía. Acuné su rostro entre mis manos y le di un suave beso. Sin separarse de mi, me rodeó con sus brazos y nos giró dejándome sobre él.

Desvié mis labios de su boca a su mentón y subí hasta su mejilla para después bajarme de su cuerpo y acurrucarme a su lado abrazando su cintura con uno de mis brazos mientras él acariciaba delicadamente mi brazo, después de taparnos con las mantas.

-¿Estás más tranquila? - Reí entre dientes, apretándome más a él.

-¿Cómo no estarlo? No sabes el día que he tenido… ¿Por qué no me has dicho que volvías antes? - Pregunté, dibujando formas sin sentido en su pecho. Él beso mi frente.

-Bueno, ¿te acuerdas de Jess? Aquella niña que te dije que sufría de Osteosarcoma*.

-Sí… - Asentí sobre su pecho acariciándolo y recordando la cara de aquella niña. Edward se había especializado en oncología infantil. -¿No le habías dado ya de alta hacía un año?

Recordaba claramente a aquella niña porque Edward le había cogido un afecto especial. Yo la había visto varias veces y había conseguido meterse hondo en mi corazón, nos tenía a todos metidos en su puñito. Tenía ocho años, pero a pesar de tener aquel cáncer y haberlo pasado tan mal, parecía la niña más feliz del mundo, había luchado todo lo que se había propuesto y más.

-Sí, todo iba bien, pero ha aparecido un nuevo brote. En la clínica saben cuánto me afecta ese caso y esta tarde me llamó Jacob para informarme, así que lo dejé todo, me disculpé con todo el mundo para volver. Siento… siento que a lo mejor hice mal, pero esa niña… - Elevé mi cabeza y puse uno de mis dedos en sus labios para silenciarlo, después le di un suave y lento beso. Edward era el ser más tierno y cariñoso que jamás conocería.

-No has hecho nada mal, amor, has hecho lo que debías. Esa niña y tú tenéis una conexión muy especial y estoy segura de que se ha alegrado de verte.

-Ni siquiera he pasado por casa… simplemente no me podía creer que ella otra vez… - Se le quebró la voz y me erguí para acunar su rostro con mis manos limpiando una lágrima que se deslizaba por su mejilla. - Tenía que ir y verlo con mis propios ojos, Bella.

-¿Por qué no me lo has dicho antes? Yo preocupada por tonterías y tú guardándote esto. - Él negó con la cabeza y sonrió levemente. Su mano se movió y se posó en mi espalda baja.

-He estado con ella desde que aterricé hasta ahora y le he vuelto a hacer todas las pruebas pertinentes, solo es un brote. Siento haberme puesto así, todo saldrá bien. - Dijo elevando su cabeza para besarme en los labios.

-Claro que sí. Esa niña es especial para ti, lo sé. - Edward suspiró con los ojos cerrados y cuando volvió a abrirlos noté que todo había pasado…

-Yo en un Congreso pasándomelo genial con mi padre y tú aguantando a Marc… es para matarme. - Dijo molesto, como si eso hubiese estado mal.

-Sh, sh. - Dije besando su pecho y recostando mi cabeza en el mismo. - Sé cuánto te satisface todo eso, solo… han sido cinco días.

-Sí, pero cada vez me cuesta más dejaros aquí esos días… Y más ahora, sabiendo que Marc…

-Basta, amor. No tienes que renunciar a algo así solo por esto. Marc está en un periodo difícil de llevar pero tú ahora estás conmigo y bueno… aunque en estos días casi me desquicio, puedo soportarlo… - Se tumbó de lado y me miró con una pequeña sonrisa.

-¿De verdad? - ¿Qué no haría yo por él? Asentí. - Te quiero tanto… Gracias.

La mano que se encontraba perdida en mi espalda bajó hasta encontrarse con una de mis nalgas y siguió bajando por mi muslo, donde dio un suave apretón, provocando que mi cuerpo se estremeciese por completo.

-Y yo… a ti. - Dije acercándome más a él.

-Marc se las verá conmigo mañana por hacer casi enfermar de los nervios a su mami. - Musitó contra mis labios y sentí como su mano ascendía hasta llegar a uno de mis pechos.

-Mañana…

-Sí, mañana, porque ahora debo auscultar a mi querida esposa. -Dijo con una sonrisa torcida. - Quiero asegurarme de que todo está en perfecto orden… - Susurró de aquella manera sugerente que hacía que perdiera los papeles.

Y me lancé a sus brazos de nuevo, sabiendo que no estaría sola jamás y que todos los problemas que viviéramos los afrontaríamos juntos, porque él siempre sería mi eterno complemento.


*Osteosarcoma: cáncer de hueso.